Una vez escapada la gravedad terrestre estamos libres de ir a donde queramos, siempre que tomemos la precaución de no pasar demasiado cerca a una luna o un planeta que nos haga desviarnos de curso. En las películas de ciencia ficción podemos ver como el dominio sobre la dirección de desplazamiento de las naves espaciales es absoluto. En Star Wars, Han Solo hace loops con su Milenium Falcon, girando y cambiando drásticamente de curso en un instante. Las naves más grandes de la película, también pueden girar y moverse con relativa facilidad. Sin embargo, es probable que si, en algún momento le damos al espacio el desagrado de ser parte de nuestras guerras, la trayectoria de las naves dependa estrictamente de orbitas preestablecidas. La complejidad de las fuerzas gravitacionales y las velocidades que entran en juego, junto con la limitada cantidad de combustible, hacen que cualquier cambio de trayectoria sea increíblemente costoso. Es de esperar que, al menos durante unos cuantos cientos de años, los viajes a Marte se hagan cuando el planeta se acerque a nuestra posición, y que en los viajes, quizás de turismo espacial a Júpiter y otros lados, se haga usoa extensivo de la llamada “Asistencia gravittoria”, que no es más que pasar cerca de algún planeta y dejar que su gravedad nos acelere. Para ayudarnos a entender esto, podemos imaginarnos una tela estirada, sobre la cual se apoya una bola de bolos, produciendo una curva en la tela. Si tiramos una pelota lejos de la bola, la misma seguirá una trayectoria recta, pero si la hacemos pasar por la parte de la tela que se hunde por el peso de la bola, se acelerará en dirección a esta. En la siguiente imagen, tomada usando el programa Celestia se puede ver la trayectoria de la nave espacial Cassini, claramente espiral. En su camino a Saturno, la misma pasó cerca de la Tierra, Júpitery Venus, los cuales la aceleraron hacia su encuentro con el Señor de los Anillos.