we, aca va mi version de "y habia un poste"

critiquen sin asco nomas!


Las rejas frías contra su cara, el cuerpo agarrotado de tanto esperar una respuesta. Había tratado de defenderse contra el Juez, un hombre de mirada gélida y labios en eterna mueca burlona.
A sus 15 años, ella no podía entender la razón de aquel absurdo. ¿Tal vez su amiga, a quien le había contado sus sensaciones en la noche? Tal vez aquella mujer de la tienda, que siempre la miraba suspicaz, mientras su esposo, grasiento, de manos temblonas, le mostraba exquisitas telas para sus trajes de ciudad.
El pequeño pueblo, perdido en lo mas hondo de la nada, sobreviviendo de la mina de carbón, siempre cubierto de tizne, no lograba digerir el porte majestuoso de la familia nueva. No podía aceptar que ella brillara como un diamante, en medio de la mugre y la tristeza.

El proceso había sido corto… No pudo defenderse, no pudo alegar nada convincente en pos de su libertad. Los 100 pares de ojos del pueblo se habían vuelto vidrio al mirarla, los pasos alejándose de ella, como si trajera consigo la plaga.

El amanecer trajo calor a sus huesos olvidados en aquel calabozo durante días. Los niños, gozando del asueto, se acercaban a la ventana pequeña, trepándose a los hombros de sus compañeros para verla y hacerle muecas, en un arrojo de valentía.
Por fin el alguacil entro a la celda, y sin mediar palabra, la arrastro de un brazo, tirándola a los pies del magistrado y un sacerdote que, desde abajo, pareció descomunal, por su postura rígida, por su cara de desagrado.
Trato de no llorar, una dama no podía desbordar sus sentimientos en público, pero el miedo atenazaba sus entrañas, y las palabras de los niños la perseguían en una letanía interminable:

-Bruja… Bruja… A la hoguera…Bruja… Bruja… vuelve a donde perteneces, con Satanás…


El sacerdote exigió una vez más:

-Arrepiéntete, arpía!
Ella solo negó con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra.

El alguacil la levanto del suelo con rudeza, le ató las manos a la espalda, y la llevo a empellones hacia fuera, donde la multitud esperaba con la misma expectación que los perros, esperando las sobras…

La niña miro a un lado y otro, esperando ver a su familia…
¡Allí! Entre la gente, su madre pugnaba desesperada por llegar a ella, llorando rabiosa. Los demás la retenían. Su padre no estaba a la vista…

La gente fue abriéndole paso hacia el centro de la plaza… y por fin, una ultima línea de personas se dividió, mostrándole su destino…. Piedras, maderos amontonados en una pira enorme… Y HABIA UN POSTE…