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Tema: Doctrina Peronista

  1. #11

    Re: Doctrina Peronista

    Pero el peronismo no es una ideología, es una doctrina
    No tengo en mis manos la solución a los problemas del mundo, pero ante los problemas del mundo; yo tengo mis manos.

    Ellos se ríen de nosotros porque somos diferentes, y nosotros nos reímos de ellos porque son iguales.

    Los grandes son grandes, porque estamos de rodillas ¡Levantémonos!

  2. #12

    Re: Doctrina Peronista

    Cita Iniciado por Malwen Ver Mensaje
    Pero el peronismo no es una ideología, es una doctrina
    Cual es la diferencia ?

  3. #13

    Re: Doctrina Peronista

    Y, básicamente se puede decir que una doctrina es un conjunto de postulados, dogmas o posiciones que se toma frente a un determinado tema o cuestión. Por ejemplo, al conjunto de dogmas religiosos de la Iglesia se la define como Doctrina Católica.

    Una ideología es una construcción racional de la realidad, con la cual los individuos y los conjuntos de individuos entienden el mundo que los rodea. El marxismo por ejemplo, es una ideología.

    Si alguien puede definirlo mejor, que lo haga por favor.
    No tengo en mis manos la solución a los problemas del mundo, pero ante los problemas del mundo; yo tengo mis manos.

    Ellos se ríen de nosotros porque somos diferentes, y nosotros nos reímos de ellos porque son iguales.

    Los grandes son grandes, porque estamos de rodillas ¡Levantémonos!

  4. #14
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    Re: Doctrina Peronista

    Cita Iniciado por Juanchop Ver Mensaje
    Si querés no le llames Estado, pero el comunismo supone una entidad administrativa que maneje las cosas, sino es un anarquismo directamente.


    Pero con ese criterio todas las ideologías políticas tienen puntos en común: todas quieren mejorar el nivel de vida (obviamente), y todos quieren que la educación sea de tal o tal manera: el liberal quiere educación liberal, el marxista quiere educación marxista, el cristiano quiere educación cristiana. Digamos, todavía no veo claros los puntos en común a los que te referís.
    Te repito que se muy poco del comunismo como ideología, pero por lo menos en cuestiones económicas es casi opuesto a la DSI. Y la DSI no opera sobre un estrato social. Forzando la expresión podemos decir que opera sobre la institución familiar, como base para toda la sociedad, pero la DSI no busca allegados o partidarios en los estratos bajos, sino en los cristianos de todos los estratos, pero empezando por la clase dirigente, los empresarios, que son los más capaces para transformar la realidad social.

    Me estoy metiendo mucho en política y temo meter la pata feo, seguramente me superas ampliamente en el área, pero todavía no veo los "varios axiomas" en común. Creo que con decir que los dos son humanistas no es suficiente, y ni siquiera me convence mucho la afirmación, ¿que se entiende por "humanista" acá? (y lo pregunto porque, de vuelta, no tengo idea).
    Pero fijate que a diferencia del liberal, centran su accion en las clases bajas.Digo humanistas por que quiero decir que tanto los comunistas, peronistas y catolicos apuntan a la "liberacion". Vos decis que no buscan participacion de los estratos mas bajos? La mano de obra verdadera la ponen los de abajo.

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    Cita Iniciado por JuanDomingoPeron Ver Mensaje
    Compatriotas, estos son los 20 principios fundamentales de nuestra doctrina, que enunciara el 17 de octubre de 1950 en la plaza de mayo, ante sus padres y abuelos.

    LA VERDADERA DEMOCRACIA
    1. - La, verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el Pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo.
    EL PERONISMO ES POPULAR
    2. - El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular y por lo tanto no es peronista.
    EL PERONISTA TRABAJA PARA EL MOVIMIENTO
    3. - El peronista trabaja para el movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, lo es sólo de nombre.
    UNA SOLA CLASE DE HOMBRE
    4. - No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.
    EL TRABAJO: UN DERECHO Y UN DEBER
    5. - En la Nueva Argentina, el trabajo es un derecho, que crea la dignidad del hombre, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume. *
    SOLIDARIDAD PERONISTA
    6. - Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista. *
    NI MAS DE LO QUE ES NI MENOS DE LO QUE DEBE SER
    7. - Ningún peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca. *
    LA ESCALA DE LOS VALORES EN LA AcCION POLITICA
    8. - En la acción política la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero, la Patria; después el movimiento, y luego, los hombres.
    LA POLITICA NO ES UN FIN SINO UN MEDIO
    9. - La política no es para nosotros un fin sino sólo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.
    JUSTICIA SOCIAL Y AYUDA SOCIAL
    10. - Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor
    PERONISMO Y UNIDAD NACIONAL
    11. - El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes, pero no mártires.
    LOS UNICOS PRIVILEGIADOS
    12. - En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.
    GOBIERNO SIN DOCTRINA: CUERPO SIN ALMA
    13. - Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: el Justicialismo.
    JUSTICIALISMO: NUEVA FILOSOFIA
    14. - El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.
    JUSTICIALISMO: DOCTRINA POLITICA
    15. - Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.
    JUSTICIALISMO: DOCTRINA ECONOMICA
    16. - Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.
    JUSTICIALISMO: DOCTRINA SOCIAL
    17. - Como doctrina social, el Justicialismo realiza la justicia social que da a cada persona su derecho en función social.
    JUSTA, LIBRE Y SOBERANA
    18. - Queremos una Argentina Socialmente Justa, Económicamente Libre y Políticamente Soberana.
    GOBIERNO, ESTADO Y PUEBLO
    19. - Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un Pueblo libre.
    EL PUEBLO
    20. - En esta tierra lo mejor que tenemos es el Pueblo.


    Miercoles... me han desvirtuado todo.
    Que bueno ver al primer peronista en este foro, ahora que opina estamos unidos o dominados?
    Última edición por Grancaco; 04/05/2010 a las 00:44

  5. #15

    Re: Doctrina Peronista

    Leí todos y cada uno de los posts y tengo cosas que decir.

    Primero, que pese al empeño que pone Malwen en recalcar el carácter capitalista del peronismo (cosa que es cierto, no vamos a decir que eran trotskistas) y del respeto por la propiedad privada, también hay que rescatar -como bien cita el barba- que siempre se hace sentir la presencia del Estado, si no directamente, al menos como ente regulador de los intereses de clase. Estos intereses, vale la pena aclarar, son a menudo (y fundamentalmente) contradictorios, dado que el empresariado siempre buscara aumentar la tasa de explotación y deprimir los salarios, mientras que los trabajadores buscaran reducir las horas de trabajo y aumentar los salarios (textual de Adam Smith, el padre de la economía política capitalista), ahí es donde entra la doctrina justicialista. Como representación de los designios de la nación y, en el peronismo, garante de la justicia social, el Estado tiene la capacidad social de intervenir en estos conflictos derivados del interés y a menudo la idiosincrasia de clases (lo que se evidencia en el "cabecitas negras" de las clases acomodadas) y esto es lo que se dará más veces que menos, dado que al no encontrarse la sociedad Argentina en el punto de definir claramente conceptos clave como "identidad nacional" (cuestión que ni la filosofía, ni la antropología han hallado y hoy se duda de su existencia), ni tampoco de abrazar en plena conciencia la doctrina cristiana del amor al prójimo y de la caridad (no entendida como una simple limosna) más allá de los intereses de clase, difícilmente pueda darse la tan ansiada "Unidad Nacional". Lamentablemente nunca en la Argentina (ni quizás tampoco en el mundo) se ha logrado que el interés de clase -y principalmente el de las clases económicamente dominantes- se subordine al interés nacional y popular.
    Sobre este ultimo punto es que se basa una de las principales diferencias entre el marxismo (que busca abolir las clases sociales) con el peronismo (que busca reducirla a uno, la clase de los trabajadores). Con esto no quiero decir que Perón fuera tan claramente pro-norteamericano como lo propone Malwen, que a mi parecer peca de una visión excesivamente fáctica. Es una simple cuestión de analizar la época, el balance de poder y las características propias del avance de cada país en el contexto de la posguerra y de la relación de estos factores con la Argentina. El acercamiento de Perón a los Estados Unidos no responde a una cuestión de mero panamericanismo o de admiración por el país desarrollado, el general no comía vidrio y sabía que esto podía conducir al desastre, a transformarnos en el "backyard" de EEUU, pero tampoco podía escapar a la realidad que Malwen enuncia. Argentina fue un país que incluso tras el colapso del '29 mantuvo fuertes relaciones de dependencia económica con el Reino Unido, que pregonaba el desarrollo de economías liberales, con el carbón y el tren como expresión, pero ante la necesidad de modernizar las fuerzas productivas de la nación hubo que rehusar de la decadente potencia y fue necesario un acercamiento a la nueva potencia hegemónica mundial y particularmente regional. Fue la época de grandes trazados de rutas, de la llegada de las petroquímicas y del desarrollo automotriz que marcaban los tiempos y las vías de la modernización. Aquí se llega a una de las mayores críticas que le hago al régimen que es la del laxo control de estos capitales y la inexistente nacionalización de los mismos, aunque tal vez, solo tal vez sea otro de los pasos abortados por el golpe de Estado, nunca lo sabremos porque no puede hacerse historia ficción.

    Segundo, estoy en desacuerdo con Malwen en cuanto a que él defiende los procesos de privatización de empresas como simples concesiones, no nos equivoquemos, darle la administración de los servicios públicos a capitales privados por 75 años a cambio de sumas irrisorias no es una concesión lisa y llana, sino una privatización de hecho. Tengo entendido, además, que una concesión no incluye la aislación total del Estado de los servicios que antes dirigía, sino que aún tiene cierta injerencia (cual si fuera un accionista), cosa que no pasó demasiado ni en Argentina ni en América Latina salvo quizás para seguir cargando con el precio de la mala administración privada. Un ejemplo claro es el del ferrocarril, que a poco de privatizarlo, el Estado tuvo que empezar a hacerse cargo de costos que las empresas no estaban dispuestas a cubrir, no olvidemos además, que el objetivo de la empresa capitalista es generar ganancias, no así el del servicio público. Fue de este modo que cientos de poblados y miles de personas fueron condenados a la alienación y el ostracismo de los circuitos de integración nacionales en los cierres masivos de ramales ferroviarios.

    Tercero y último (de momento), sobre el debate Juanchop-lacrosse/Grancaco, varias cosas. El comunismo y la DSI no son tan parecidos, tenés razón, pero tampoco son a mi entender tan distintos y mucho menos opuestos (y esto te lo digo con la experiencia de cursar primaria y secundaria en colegios católicos y de estar cursando en Filosofía y Letras de la UBA), primero quiero aclarar el punto de que en la jerga del materialismo histórico por "perseguir el fin de la propiedad privada" se refiere a la propiedad privada de los medios de producción, es decir que no haya un grupo predominante que posea esos medios de producción y aísle mediante presiones económicas o coercitivas al grupo de los trabajadores (la clase obrera) de dichos medios de producción, de reproducción de su existencia material, con el fin de explotarlos para su beneficio. También es cierto que la DSI no opera sobre un estrato social específico, pero tampoco ignoremos la existencia fundamental de la "opción por los pobres" a la cual Jesucristo llama ya desde los Evangelios y la cual Él mismo predicó con el ejemplo.
    Otra cuestión es el tema del Estado, es cierto lo que dice lacrosse, el marxismo aboga por la abolición del Estado, solo que en este punto es que las experiencias socialistas han chocado con la abstracción de Marx sobre cómo ha de alcanzarse esto, de ahí el surgimiento del marxismo-leninismo, que no es otra cosa que la aplicación de los preceptos del marxismo a la realidad de la Rusia revolucionaria según la mirada de Lenin en busca de esos fines ulteriores. Si prestas atención se puede ver que esto guarda cierto parecido con las dificultades de la Iglesia para aplicar a fondo la doctrina predicada por Cristo a la realidad mundial.


    Bueno, escribí bastante y no sin placer al hacerlo, no creo que muchos lo lean entero, pero apelo a que así sea. Estas cosas son muy lindas de analizar y a mi parecer es cuestión de abrir la cabeza y saber integrar las cosas a partir de el estudio exhaustivo e interdisciplinario de aquello sobre lo que se quiera comentar, criticar o analizar.

    Salud!
    Última edición por ElOsoArturo; 06/05/2010 a las 11:29
    Cita Iniciado por Ecthelyon Ver Mensaje
    La verdad que que lindo debe ser hincha de Boca, no solo tendés a romperle el culo a tu clásico rival de varias y a veces épicas maneras, sino que encima vas a Brasil y te tienen cuqui. Sana envidia por Boca.

    Y que feo ser de River, no sólo es bastante amarga la hinchada (puede ser por tener taaaaaantos campeonatos, se acostumbraron), sino también porque van a una copa y ya saben que si tienen suerte pasan 8vos.

    Cita Iniciado por reverse Ver Mensaje
    Dsp de probar infinitas formas y solo lograr que me apareciera el cartel de que no podia entrar a mas estancias, se me ocurrio otra..

  6. #16
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    Re: Doctrina Peronista

    Cita Iniciado por ElOsoArturo Ver Mensaje
    Leí todos y cada uno de los posts y tengo cosas que decir.

    Primero, que pese al empeño que pone Malwen en recalcar el carácter capitalista del peronismo (cosa que es cierto, no vamos a decir que eran trotskistas) y del respeto por la propiedad privada, también hay que rescatar -como bien cita el barba- que siempre se hace sentir la presencia del Estado, si no directamente, al menos como ente regulador de los intereses de clase. Estos intereses, vale la pena aclarar, son a menudo (y fundamentalmente) contradictorios, dado que el empresariado siempre buscara aumentar la tasa de explotación y deprimir los salarios, mientras que los trabajadores buscaran reducir las horas de trabajo y aumentar los salarios (textual de Adam Smith, el padre de la economía política capitalista), ahí es donde entra la doctrina justicialista. Como representación de los designios de la nación y, en el peronismo, garante de la justicia social, el Estado tiene la capacidad social de intervenir en estos conflictos derivados del interés y a menudo la idiosincrasia de clases (lo que se evidencia en el "cabecitas negras" de las clases acomodadas) y esto es lo que se dará más veces que menos, dado que al no encontrarse la sociedad Argentina en el punto de definir claramente conceptos clave como "identidad nacional" (cuestión que ni la filosofía, ni la antropología han hallado y hoy se duda de su existencia), ni tampoco de abrazar en plena conciencia la doctrina cristiana del amor al prójimo y de la caridad (no entendida como una simple limosna) más allá de los intereses de clase, difícilmente pueda darse la tan ansiada "Unidad Nacional". Lamentablemente nunca en la Argentina (ni quizás tampoco en el mundo) se ha logrado que el interés de clase -y principalmente el de las clases económicamente dominantes- se subordine al interés nacional y popular.
    Sobre este ultimo punto es que se basa una de las principales diferencias entre el marxismo (que busca abolir las clases sociales) con el peronismo (que busca reducirla a uno, la clase de los trabajadores). Con esto no quiero decir que Perón fuera tan claramente pro-norteamericano como lo propone Malwen, que a mi parecer peca de una visión excesivamente fáctica. Es una simple cuestión de analizar la época, el balance de poder y las características propias del avance de cada país en el contexto de la posguerra y de la relación de estos factores con la Argentina. El acercamiento de Perón a los Estados Unidos no responde a una cuestión de mero panamericanismo o de admiración por el país desarrollado, el general no comía vidrio y sabía que esto podía conducir al desastre, a transformarnos en el "backyard" de EEUU, pero tampoco podía escapar a la realidad que Malwen enuncia. Argentina fue un país que incluso tras el colapso del '29 mantuvo fuertes relaciones de dependencia económica con el Reino Unido, que pregonaba el desarrollo de economías liberales, con el carbón y el tren como expresión, pero ante la necesidad de modernizar las fuerzas productivas de la nación hubo que rehusar de la decadente potencia y fue necesario un acercamiento a la nueva potencia hegemónica mundial y particularmente regional. Fue la época de grandes trazados de rutas, de la llegada de las petroquímicas y del desarrollo automotriz que marcaban los tiempos y las vías de la modernización. Aquí se llega a una de las mayores críticas que le hago al régimen que es la del laxo control de estos capitales y la inexistente nacionalización de los mismos, aunque tal vez, solo tal vez sea otro de los pasos abortados por el golpe de Estado, nunca lo sabremos porque no puede hacerse historia ficción.

    Segundo, estoy en desacuerdo con Malwen en cuanto a que él defiende los procesos de privatización de empresas como simples concesiones, no nos equivoquemos, darle la administración de los servicios públicos a capitales privados por 75 años a cambio de sumas irrisorias no es una concesión lisa y llana, sino una privatización de hecho. Tengo entendido, además, que una concesión no incluye la aislación total del Estado de los servicios que antes dirigía, sino que aún tiene cierta injerencia (cual si fuera un accionista), cosa que no pasó demasiado ni en Argentina ni en América Latina salvo quizás para seguir cargando con el precio de la mala administración privada. Un ejemplo claro es el del ferrocarril, que a poco de privatizarlo, el Estado tuvo que empezar a hacerse cargo de costos que las empresas no estaban dispuestas a cubrir, no olvidemos además, que el objetivo de la empresa capitalista es generar ganancias, no así el del servicio público. Fue de este modo que cientos de poblados y miles de personas fueron condenados a la alienación y el ostracismo de los circuitos de integración nacionales en los cierres masivos de ramales ferroviarios.

    Tercero y último (de momento), sobre el debate Juanchop-lacrosse/Grancaco, varias cosas. El comunismo y la DSI no son tan parecidos, tenés razón, pero tampoco son a mi entender tan distintos y mucho menos opuestos (y esto te lo digo con la experiencia de cursar primaria y secundaria en colegios católicos y de estar cursando en Filosofía y Letras de la UBA), primero quiero aclarar el punto de que en la jerga del materialismo histórico por "perseguir el fin de la propiedad privada" se refiere a la propiedad privada de los medios de producción, es decir que no haya un grupo predominante que posea esos medios de producción y aísle mediante presiones económicas o coercitivas al grupo de los trabajadores (la clase obrera) de dichos medios de producción, de reproducción de su existencia material, con el fin de explotarlos para su beneficio. También es cierto que la DSI no opera sobre un estrato social específico, pero tampoco ignoremos la existencia fundamental de la "opción por los pobres" a la cual Jesucristo llama ya desde los Evangelios y la cual Él mismo predicó con el ejemplo.
    Otra cuestión es el tema del Estado, es cierto lo que dice lacrosse, el marxismo aboga por la abolición del Estado, solo que en este punto es que las experiencias socialistas han chocado con la abstracción de Marx sobre cómo ha de alcanzarse esto, de ahí el surgimiento del marxismo-leninismo, que no es otra cosa que la aplicación de los preceptos del marxismo a la realidad de la Rusia revolucionaria según la mirada de Lenin en busca de esos fines ulteriores. Si prestas atención se puede ver que esto guarda cierto parecido con las dificultades de la Iglesia para aplicar a fondo la doctrina predicada por Cristo a la realidad mundial.


    Bueno, escribí bastante y no sin placer al acerlo, no creo que muchos lo lean entero, pero apelo a que así sea. Estas cosas son muy lindas de analizar y a mi parecer es cuestión de abrir la cabeza y saber integrar las cosas a partir de el estudio exhaustivo e interdisciplinario de aquello sobre lo que se quiera comentar, criticar o analizar.

    Salud!
    Clarificas lo que yo quiero decir bastante bien. Me gusta esa salvedad. Ahora quiero agregar que las supuestas antitesis liberalismo/comunismo/fascismo, se ven atravezadas siempre por algo de la religion cristiana.

    Ahora creo que en algo te equivocas bastante jodido, Marx nunca escribio nada sobre como deberia ser el comunismo pues el fallecio antes de escribir esa parte. Lo que existe sobre ello son todas interpretaciones. Cualquier buen profesor de facultad explica que todabia se debate la existencia o no de alguna forma de estado durante el comunismo. Eso queria aclarar.
    Última edición por Grancaco; 04/05/2010 a las 00:59

  7. #17

    Re: Doctrina Peronista

    Cita Iniciado por Malwen Ver Mensaje
    Le prometí a este muchacho... .
    Todo bien pero aun asi, Menem no hizo un gobierno peronista. Una cosa es la industria otra muy diferente son los servicios, que me conteste el geneal que ya lo tenemos aca si queria que los servicios estuvieran en manos privadas. Despues contame los planes de inclusión social en los 90´soy todo oidos.

    Pd: Como dicen Marx no tiene que ver con el comunismo en sí. Marx en la práctica era muy centralista de ahi sus choques con los anarquistas.

  8. #18

    Re: Doctrina Peronista

    Cita Iniciado por Grancaco Ver Mensaje
    Clarificas lo que yo quiero decir bastante bien. Me gusta esa salvedad. Ahora quiero agregar que las supuestas antitesis liberalismo/comunismo/fascismo, se ven atravezadas siempre por algo de la religion cristiana.

    Ahora creo que en algo te equivocas bastante jodido, Marx nunca escribio nada sobre como deberia ser el comunismo pues el fallecio antes de escribir esa parte. Lo que existe sobre ello son todas interpretaciones. Cualquier buen profesor de facultad explica que todabia se debate la existencia o no de alguna forma de estado durante el comunismo. Eso queria aclarar.
    No entiendo en qué me equivoco, yo no escribí nada de cómo Marx decía que debía ser el comunismo, justamente lo contrario, remarque el carácter abstracto de su tésis. Si te referís a lo del fin del Estado eso sí dice que tiene que pasar (ya que para él, el Estado es el máximo mecanismo de explotación del hombre por el hombre), pero nunca dice cómo. Es más en una carta suya antes de morir dijo que el comunismo sería distinto para cada país por las características específicas de cada uno. De ahí lo que dije del leninismo, dado que Marx no da "instrucciones" precisas, surge la interpretación de Lenin para la aplicación del comunismo en Rusia.

    No se cómo será que interpretaste eso que decis, no me cierra, o vos estas muy dormido o lo estoy/estaba yo
    Cita Iniciado por Ecthelyon Ver Mensaje
    La verdad que que lindo debe ser hincha de Boca, no solo tendés a romperle el culo a tu clásico rival de varias y a veces épicas maneras, sino que encima vas a Brasil y te tienen cuqui. Sana envidia por Boca.

    Y que feo ser de River, no sólo es bastante amarga la hinchada (puede ser por tener taaaaaantos campeonatos, se acostumbraron), sino también porque van a una copa y ya saben que si tienen suerte pasan 8vos.

    Cita Iniciado por reverse Ver Mensaje
    Dsp de probar infinitas formas y solo lograr que me apareciera el cartel de que no podia entrar a mas estancias, se me ocurrio otra..

  9. #19

    Re: Doctrina Peronista

    Clara definición que ocupa el estado en el ideario Marxista, definido por el poco recordado Engels.


    Quizás, cuando hoy se defienden con tanto ahínco los "ideales republicanos", o se aplauden las nacionalizaciones, o se debate sobre “el socialismo del siglo XXI”, no estaría de más volver nuestra mirada sobre las palabras del colaborador y amigo de Marx. Aunque sólo sea por aquello de no repetir errores que ya fueron criticados suficientemente (y no sólo por este autor). O al menos para no decir sandeces, vanagloriándose de descubrir la pólvora.

    Desde aquí queremos animaros a la lectura completa del libro. Es fácilmente accesible en internet. Descubriréis multitud de informaciones y análisis muy valiosos hoy día. Los destacados en negrita son nuestros.

    “Frente a la antigua organización gentilicia, el Estado se caracteriza en primer lugar por la agrupación de sus súbditos según "divisiones territoriales" ... Esta organización de los súbditos del Estado conforme al territorio es común a todos los Estados. Por eso nos parece natural; pero en anteriores capítulos hemos visto cuán porfiadas y largas luchas fueron menester antes de que en Atenas y en Roma pudiera sustituir a la antigua organización gentilicia.

    El segundo rasgo característico es la institución de una "fuerza pública", que ya no es el pueblo armado. Esta fuerza pública especial hácese necesaria porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población ... El ejército popular de la democracia ateniense era una fuerza pública aristocrática contra los esclavos, a quienes mantenía sumisos; mas, para tener a raya a los ciudadanos, se hizo necesaria también una policía, como hemos dicho anteriormente. Esta fuerza pública existe en todo Estado; y no está formada sólo por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía. Puede ser muy poco importante, o hasta casi nula, en las sociedades donde aún no se han desarrollado los antagonismos de clase y en territorios lejanos, como sucedió en ciertos lugares y épocas en los Estados Unidos de América. Pero se fortalece a medida que los antagonismos de clase se exacerban dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes. Y si no, examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuerza pública, que amenaza con devorar a la sociedad entera y aun al Estado mismo.

    Para sostener en pie esa fuerza pública, se necesitan contribuciones por parte de los ciudadanos del Estado: los "impuestos". La sociedad gentilicia nunca tuvo idea de ellos, pero nosotros los conocemos bastante bien. Con los progresos de la civilización, incluso los impuestos llegan a ser poco; el Estado libra letras sobre el futuro, contrata empréstitos, contrae "deudas de Estado". También de esto puede hablarnos, por propia experiencia, la vieja Europa.

    Dueños de la fuerza pública y del derecho de recaudar los impuestos, los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de ésta. El respeto que se tributaba libre y voluntariamente a los órganos de la constitución gentilicia ya no les basta, incluso si pudieran ganarlo; vehículos de un Poder que se ha hecho extraño a la sociedad, necesitan hacerse respetar por medio de las leyes de excepción, merced a las cuales gozan de una aureola y de una inviolabilidad particulares. El más despreciable polizonte del Estado civilizado tiene más «autoridad» que todos los órganos del poder de la sociedad gentilicia reunidos; pero el príncipe más poderoso, el más grande hombre público o guerrero de la civilización, puede envidiar al más modesto jefe gentil el respeto espontáneo y universal que se le profesaba. El uno se movía dentro de la sociedad; el otro se ve forzado a pretender representar algo que está fuera y por encima de ella.

    Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra. En este caso se halla la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, que mantenía a nivel la balanza entre la nobleza y la burguesía; y en este caso estuvieron el bonapartismo del Primer Imperio francés, y sobre todo el del Segundo, valiéndose de los proletarios contra la clase media, y de ésta contra aquéllos. La más reciente producción de esta especie, donde opresores y oprimidos aparecen igualmente ridículos, es el nuevo imperio alemán de la nación bismarckiana: aquí se contrapesa a capitalistas y trabajadores unos con otros, y se les extrae el jugo sin distinción en provecho de los junkers prusianos de provincias, venidos a menos.

    Además, en la mayor parte de los Estados históricos los derechos concedidos a los ciudadanos se gradúan con arreglo a su fortuna, y con ello se declara expresamente que el Estado es un organismo para proteger a la clase que posee contra la desposeída. Así sucedía ya en Atenas y en Roma, donde la clasificación era por la cuantía de los bienes de fortuna. Lo mismo sucede en el Estado feudal de la Edad Media, donde el poder político se distribuyó según la propiedad territorial. Y así lo observamos en el censo electoral de los Estados representativos modernos. Sin embargo, este reconocimiento político de la diferencia de fortunas no es nada esencial. Por el contrario, denota un grado inferior en el desarrollo del Estado. La forma más elevada del Estado, la república democrática, que en nuestras condiciones sociales modernas se va haciendo una necesidad cada vez más ineludible, y que es la única forma de Estado bajo la cual puede darse la batalla última y definitiva entre el proletariado y la burguesía, no reconoce oficialmente diferencias de fortuna. En ella la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero por ello mismo de un modo más seguro. De una parte, bajo la forma de corrupción directa de los funcionarios, de lo cual es América un modelo clásico, y, de otra parte, bajo la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa. Esta alianza se realiza con tanta mayor facilidad, cuanto más crecen las deudas del Estado y más van concentrando en sus manos las sociedades por acciones, no sólo el transporte, sino también la producción misma, haciendo de la Bolsa su centro. Fuera de América, la nueva república francesa es un patente ejemplo de ello, y la buena vieja Suiza también ha hecho su aportación en este terreno. Pero que la república democrática no es imprescindible para esa unión fraternal entre la Bolsa y el gobierno, lo prueba, además de Inglaterra, el nuevo imperio alemán, donde no puede decirse a quién ha elevado más arriba el sufragio universal, si a Bismarck o a Bleichröder. Y, por último, la clase poseedora impera de un modo directo por medio del sufragio universal. Mientras la clase oprimida --en nuestro caso el proletariado-- no está madura para libertarse ella misma, su mayoría reconoce el orden social de hoy como el único posible, y políticamente forma la cola de la clase capitalista, su extrema izquierda. Pero a medida que va madurando para emanciparse ella misma, se constituye como un partido independiente, elige sus propios representantes y no los de los capitalistas. El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer.

    Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte positivamente en un obstáculo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce.


    Por todo lo que hemos dicho, la civilización es, pues, el estadio de desarrollo de la sociedad en que la división del trabajo, el cambio entre individuos que de ella deriva, y la producción mercantil que abarca a una y otro, alcanzan su pleno desarrollo y ocasionan una revolución en toda la sociedad anterior.

    En todos los estadios anteriores de la sociedad, la producción era esencialmente colectiva y el consumo se efectuaba también bajo un régimen de reparto directo de los productos, en el seno de pequeñas o grandes colectividades comunistas. Esa producción colectiva se realizaba dentro de los más estrechos límites, pero llevaba aparejado el dominio de los productores sobre el proceso de la producción y sobre su producto. Estos sabían qué era del producto: lo consumían, no salía de sus manos. Y mientras la producción se efectuó sobre esta base, no pudo sobreponerse a los productores, ni hacer surgir frente a ellos el espectro de poderes extraños, cual sucede regular e inevitablemente en la civilización.

    Pero en este modo de producir se introdujo lentamente la división del trabajo, la cual minó la comunidad de producción y de apropiación, erigió en regla predominante la apropiación individual, y de ese modo creó el cambio entre individuos (ya examinamos anteriormente cómo). Poco a poco, la producción mercantil se hizo la forma dominante.

    Con la producción mercantil, producción no ya para el consumo personal, sino para el cambio, los productos pasan necesariamente de unas manos a otras. El productor se separa de su producto en el cambio, y ya no sabe qué se hace de él. Tan pronto como el dinero, y con él el mercader, interviene como intermediario entre los productores, se complica más el sistema de cambio y se vuelve todavía más incierto el destino final de los productos. Los mercaderes son muchos y ninguno de ellos sabe lo que hacen los demás. Ahora las mercancías no sólo van de mano en mano, sino de mercado en mercado; los productores han dejado ya de ser dueños de la producción total de las condiciones de su propia vida, y los comerciantes tampoco han llegado a serlo. Los productos y la producción están entregados al azar.

    Pero el azar no es más que uno de los polos de una interdependencia, el otro polo de la cual se llama necesidad. En la naturaleza, donde también parece dominar el azar, hace mucho tiempo que hemos demostrado en cada dominio particular la necesidad inmanente y las leyes internas que se afirman en aquel azar. Y lo que es cierto para la naturaleza, también lo es para la sociedad. Cuanto más escapa del control consciente del hombre y se sobrepone a él una actividad social, una serie de procesos sociales, cuando más abandonada parece esa actividad al puro azar, tanto más las leyes propias, inmanentes, de dicho azar, se manifiestan como una necesidad natural. Leyes análogas rigen las eventualidades de la producción mercantil y del cambio de las mercancías; frente al productor y al comerciante aislados, surgen como factores extraños y desconocidos, cuya naturaleza es preciso desentrañar y estudiar con suma meticulosidad. Estas leyes económicas de la producción mercantil se modifican según los diversos grados de desarrollo de esta forma de producir; pero, en general, todo el período de la civilización está regido por ellas. Hoy, el producto domina aún al productor; hoy, toda la producción social está aún regulada, no conforme a un plan elaborado en común, sino por leyes ciegas que se imponen con la violencia de los elementos, en último término, en las tempestades de las crisis comerciales periódicas.

    Hemos visto cómo en un estadio bastante temprano del desarrollo de la producción, la fuerza de trabajo del hombre llega a ser apta para suministrar un producto mucho más cuantioso de lo que exige el sustento de los productores, y cómo este estadio de desarrollo es, en lo esencial, el mismo donde nacen la división del trabajo y el cambio entre individuos. No tardó mucho en ser descubierta la gran «verdad» de que el hombre también podía servir de mercancía, de que la fuerza de trabajo del hombre podía llegar a ser un objeto de cambio y de consumo si se hacía del hombre un esclavo. Apenas comenzaron los hombres a practicar el cambio, ellos mismos se vieron cambiados. La voz activa se convirtió en voz pasiva, independientemente de la voluntad de los hombres.

    Con la esclavitud, que alcanzó su desarrollo máximo bajo la civilización, realizóse la primera gran escisión de la sociedad en una clase explotadora y una clase explotada. Esta escisión se ha sostenido durante todo el período civilizado. La esclavitud es la primera forma de la explotación, la forma propia del mundo antiguo; le suceden la servidumbre, en la Edad Media, y el trabajo asalariado en los tiempos modernos. Estas son las tres grandes formas del avasallamiento, que caracterizan las tres grandes épocas de la civilización; ésta va siempre acompañada de la esclavitud, franca al principio, más o menos disfrazada después.

    El estadio de la producción de mercancías, con el que comienza la civilización, se distingue desde el punto de vista económico por la introducción: 1) de la moneda metálica, y con ella del capital en dinero, del interés y de la usura; 2) de los mercaderes, como clase intermediaria entre los productores; 3) de la propiedad privada de la tierra y de la hipoteca, y 4) del trabajo de los esclavos como forma dominante de la producción. La forma de familia que corresponde a la civilización y vence definitivamente con ella es la monogamia, la supremacía del hombre sobre la mujer, y la familia individual como unidad económica de la sociedad. La fuerza cohesiva de la sociedad civilizada la constituye el Estado, que, en todos los períodos típicos, es exclusivamente el Estado de la clase dominante y, en todos los casos, una máquina esencialmente destinada a reprimir a la clase oprimida y explotada. También es característico de la civilización, por una parte, fijar la oposición entre la ciudad y el campo como base de toda la división del trabajo social; y, por otra parte, introducir los testamentos, por medio de los cuales el propietario puede disponer de sus bienes aun después de su muerte …

    Con este régimen como base, la civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la antigua sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones. La codicia vulgar ha sido la fuerza motriz de la civilización desde sus primeros días hasta hoy, su único objetivo determinante es la riqueza, otra vez la riqueza y siempre la riqueza, pero no la de la sociedad, sino la de tal o cual miserable individuo. Si a pesar de eso han correspondido a la civilización el desarrollo creciente de la ciencia y reiterados períodos del más opulento esplendor del arte, sólo ha acontecido así porque sin ello hubieran sido imposibles, en toda su plenitud, las actuales realizaciones en la acumulación de riquezas.

    Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso en la situación de la clase oprimida, es decir, de la inmensa mayoría. Cada beneficio para unos es por necesidad un perjuicio para otros; cada grado de emancipación conseguido por una clase es un nuevo elemento de opresión para la otra. La prueba más elocuente de esto nos la da la introducción de la maquinaria, cuyos efectos conoce hoy el mundo entero. Y si, como hemos visto, entre los bárbaros apenas puede establecerse la diferencia entre los derechos y los deberes, la civilización señala entre ellos una diferencia y un contraste que saltan a la vista del hombre menos inteligente, en el sentido de que da casi todos los derechos a una clase y casi todos los deberes a la otra.

    Pero eso no debe ser. Lo que es bueno para la clase dominante, debe ser bueno para la sociedad con la cual se identifica aquélla. Por ello, cuanto más progresa la civilización, más obligada se cree a cubrir con el manto de la caridad los males que ha engendrado fatalmente, a pintarlos de color de rosa o a negarlos. En una palabra, introduce una hipocresía convencional que no conocían las primitivas formas de la sociedad ni aun los primeros grados de la civilización, y que llega a su cima en la declaración: la explotación de la clase oprimida es ejercida por la clase explotadora exclusiva y únicamente en beneficio de la clase explotada; y si esta última no lo reconoce así y hasta se muestra rebelde, esto constituye por su parte la más negra ingratitud hacia sus bienhechores, los explotadores[2].

    Y, para concluir, véase el juicio que acerca de la civilización emite Morgan:

    «Los hermanos se harán la guerra y se convertirán en asesinos unos de otros; hijos de hermanas romperán sus lazos de estirpe».

    «Desde el advenimiento de la civilización ha llegado a ser tan enorme el acrecentamiento de la riqueza, tan diversas las formas de este acrecentamiento, tan extensa su aplicación y tan hábil su administración en beneficio de los propietarios, que esa riqueza se ha constituido en una fuerza irreductible opuesta al pueblo. La inteligencia humana se ve impotente y desconcertada ante su propia creación. Pero, sin embargo, llegará un tiempo en que la razón humana sea suficientemente fuerte para dominar a la riqueza, en que fije las relaciones del Estado con la propiedad que éste protege y los límites de los derechos de los propietarios. Los intereses de la sociedad son absolutamente superiores a los intereses individuales, y unos y otros deben concertarse en una relación justa y armónica. La simple caza de la riqueza no es el destino final de la humanidad, a lo menos si el progreso ha de ser la ley del porvenir como lo ha sido la del pasado. El tiempo transcurrido desde el advenimiento de la civilización no es más que una fracción ínfima de la existencia pasada de la humanidad, una fracción ínfima de las épocas por venir. La disolución de la sociedad se yergue amenazadora ante nosotros, como el término de una carrera histórica cuya única meta es la riqueza, porque semejante carrera encierra los elementos de su propia ruina. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos y la instrucción general, inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, para la cual laboran constantemente la experiencia, la razón y la ciencia. Será un renacimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior». (Morgan, "La Sociedad Antigua", pág. 552.)"

  10. #20
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    Re: Doctrina Peronista

    Cita Iniciado por barbabuenita Ver Mensaje

    Quizás, cuando hoy se defienden con tanto ahínco los "ideales republicanos", o se aplauden las nacionalizaciones, o se debate sobre “el socialismo del siglo XXI”, no estaría de más volver nuestra mirada sobre las palabras del colaborador y amigo de Marx. Aunque sólo sea por aquello de no repetir errores que ya fueron criticados suficientemente (y no sólo por este autor). O al menos para no decir sandeces, vanagloriándose de descubrir la pólvora.

    Desde aquí queremos animaros a la lectura completa del libro. Es fácilmente accesible en internet. Descubriréis multitud de informaciones y análisis muy valiosos hoy día. Los destacados en negrita son nuestros.

    “Frente a la antigua organización gentilicia, el Estado se caracteriza en primer lugar por la agrupación de sus súbditos según "divisiones territoriales" ... Esta organización de los súbditos del Estado conforme al territorio es común a todos los Estados. Por eso nos parece natural; pero en anteriores capítulos hemos visto cuán porfiadas y largas luchas fueron menester antes de que en Atenas y en Roma pudiera sustituir a la antigua organización gentilicia.

    El segundo rasgo característico es la institución de una "fuerza pública", que ya no es el pueblo armado. Esta fuerza pública especial hácese necesaria porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población ... El ejército popular de la democracia ateniense era una fuerza pública aristocrática contra los esclavos, a quienes mantenía sumisos; mas, para tener a raya a los ciudadanos, se hizo necesaria también una policía, como hemos dicho anteriormente. Esta fuerza pública existe en todo Estado; y no está formada sólo por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía. Puede ser muy poco importante, o hasta casi nula, en las sociedades donde aún no se han desarrollado los antagonismos de clase y en territorios lejanos, como sucedió en ciertos lugares y épocas en los Estados Unidos de América. Pero se fortalece a medida que los antagonismos de clase se exacerban dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes. Y si no, examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuerza pública, que amenaza con devorar a la sociedad entera y aun al Estado mismo.

    Para sostener en pie esa fuerza pública, se necesitan contribuciones por parte de los ciudadanos del Estado: los "impuestos". La sociedad gentilicia nunca tuvo idea de ellos, pero nosotros los conocemos bastante bien. Con los progresos de la civilización, incluso los impuestos llegan a ser poco; el Estado libra letras sobre el futuro, contrata empréstitos, contrae "deudas de Estado". También de esto puede hablarnos, por propia experiencia, la vieja Europa.

    Dueños de la fuerza pública y del derecho de recaudar los impuestos, los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de ésta. El respeto que se tributaba libre y voluntariamente a los órganos de la constitución gentilicia ya no les basta, incluso si pudieran ganarlo; vehículos de un Poder que se ha hecho extraño a la sociedad, necesitan hacerse respetar por medio de las leyes de excepción, merced a las cuales gozan de una aureola y de una inviolabilidad particulares. El más despreciable polizonte del Estado civilizado tiene más «autoridad» que todos los órganos del poder de la sociedad gentilicia reunidos; pero el príncipe más poderoso, el más grande hombre público o guerrero de la civilización, puede envidiar al más modesto jefe gentil el respeto espontáneo y universal que se le profesaba. El uno se movía dentro de la sociedad; el otro se ve forzado a pretender representar algo que está fuera y por encima de ella.

    Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas, que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra. En este caso se halla la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, que mantenía a nivel la balanza entre la nobleza y la burguesía; y en este caso estuvieron el bonapartismo del Primer Imperio francés, y sobre todo el del Segundo, valiéndose de los proletarios contra la clase media, y de ésta contra aquéllos. La más reciente producción de esta especie, donde opresores y oprimidos aparecen igualmente ridículos, es el nuevo imperio alemán de la nación bismarckiana: aquí se contrapesa a capitalistas y trabajadores unos con otros, y se les extrae el jugo sin distinción en provecho de los junkers prusianos de provincias, venidos a menos.

    Además, en la mayor parte de los Estados históricos los derechos concedidos a los ciudadanos se gradúan con arreglo a su fortuna, y con ello se declara expresamente que el Estado es un organismo para proteger a la clase que posee contra la desposeída. Así sucedía ya en Atenas y en Roma, donde la clasificación era por la cuantía de los bienes de fortuna. Lo mismo sucede en el Estado feudal de la Edad Media, donde el poder político se distribuyó según la propiedad territorial. Y así lo observamos en el censo electoral de los Estados representativos modernos. Sin embargo, este reconocimiento político de la diferencia de fortunas no es nada esencial. Por el contrario, denota un grado inferior en el desarrollo del Estado. La forma más elevada del Estado, la república democrática, que en nuestras condiciones sociales modernas se va haciendo una necesidad cada vez más ineludible, y que es la única forma de Estado bajo la cual puede darse la batalla última y definitiva entre el proletariado y la burguesía, no reconoce oficialmente diferencias de fortuna. En ella la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero por ello mismo de un modo más seguro. De una parte, bajo la forma de corrupción directa de los funcionarios, de lo cual es América un modelo clásico, y, de otra parte, bajo la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa. Esta alianza se realiza con tanta mayor facilidad, cuanto más crecen las deudas del Estado y más van concentrando en sus manos las sociedades por acciones, no sólo el transporte, sino también la producción misma, haciendo de la Bolsa su centro. Fuera de América, la nueva república francesa es un patente ejemplo de ello, y la buena vieja Suiza también ha hecho su aportación en este terreno. Pero que la república democrática no es imprescindible para esa unión fraternal entre la Bolsa y el gobierno, lo prueba, además de Inglaterra, el nuevo imperio alemán, donde no puede decirse a quién ha elevado más arriba el sufragio universal, si a Bismarck o a Bleichröder. Y, por último, la clase poseedora impera de un modo directo por medio del sufragio universal. Mientras la clase oprimida --en nuestro caso el proletariado-- no está madura para libertarse ella misma, su mayoría reconoce el orden social de hoy como el único posible, y políticamente forma la cola de la clase capitalista, su extrema izquierda. Pero a medida que va madurando para emanciparse ella misma, se constituye como un partido independiente, elige sus propios representantes y no los de los capitalistas. El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, qué deben hacer.

    Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte positivamente en un obstáculo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce.


    Por todo lo que hemos dicho, la civilización es, pues, el estadio de desarrollo de la sociedad en que la división del trabajo, el cambio entre individuos que de ella deriva, y la producción mercantil que abarca a una y otro, alcanzan su pleno desarrollo y ocasionan una revolución en toda la sociedad anterior.

    En todos los estadios anteriores de la sociedad, la producción era esencialmente colectiva y el consumo se efectuaba también bajo un régimen de reparto directo de los productos, en el seno de pequeñas o grandes colectividades comunistas. Esa producción colectiva se realizaba dentro de los más estrechos límites, pero llevaba aparejado el dominio de los productores sobre el proceso de la producción y sobre su producto. Estos sabían qué era del producto: lo consumían, no salía de sus manos. Y mientras la producción se efectuó sobre esta base, no pudo sobreponerse a los productores, ni hacer surgir frente a ellos el espectro de poderes extraños, cual sucede regular e inevitablemente en la civilización.

    Pero en este modo de producir se introdujo lentamente la división del trabajo, la cual minó la comunidad de producción y de apropiación, erigió en regla predominante la apropiación individual, y de ese modo creó el cambio entre individuos (ya examinamos anteriormente cómo). Poco a poco, la producción mercantil se hizo la forma dominante.

    Con la producción mercantil, producción no ya para el consumo personal, sino para el cambio, los productos pasan necesariamente de unas manos a otras. El productor se separa de su producto en el cambio, y ya no sabe qué se hace de él. Tan pronto como el dinero, y con él el mercader, interviene como intermediario entre los productores, se complica más el sistema de cambio y se vuelve todavía más incierto el destino final de los productos. Los mercaderes son muchos y ninguno de ellos sabe lo que hacen los demás. Ahora las mercancías no sólo van de mano en mano, sino de mercado en mercado; los productores han dejado ya de ser dueños de la producción total de las condiciones de su propia vida, y los comerciantes tampoco han llegado a serlo. Los productos y la producción están entregados al azar.

    Pero el azar no es más que uno de los polos de una interdependencia, el otro polo de la cual se llama necesidad. En la naturaleza, donde también parece dominar el azar, hace mucho tiempo que hemos demostrado en cada dominio particular la necesidad inmanente y las leyes internas que se afirman en aquel azar. Y lo que es cierto para la naturaleza, también lo es para la sociedad. Cuanto más escapa del control consciente del hombre y se sobrepone a él una actividad social, una serie de procesos sociales, cuando más abandonada parece esa actividad al puro azar, tanto más las leyes propias, inmanentes, de dicho azar, se manifiestan como una necesidad natural. Leyes análogas rigen las eventualidades de la producción mercantil y del cambio de las mercancías; frente al productor y al comerciante aislados, surgen como factores extraños y desconocidos, cuya naturaleza es preciso desentrañar y estudiar con suma meticulosidad. Estas leyes económicas de la producción mercantil se modifican según los diversos grados de desarrollo de esta forma de producir; pero, en general, todo el período de la civilización está regido por ellas. Hoy, el producto domina aún al productor; hoy, toda la producción social está aún regulada, no conforme a un plan elaborado en común, sino por leyes ciegas que se imponen con la violencia de los elementos, en último término, en las tempestades de las crisis comerciales periódicas.

    Hemos visto cómo en un estadio bastante temprano del desarrollo de la producción, la fuerza de trabajo del hombre llega a ser apta para suministrar un producto mucho más cuantioso de lo que exige el sustento de los productores, y cómo este estadio de desarrollo es, en lo esencial, el mismo donde nacen la división del trabajo y el cambio entre individuos. No tardó mucho en ser descubierta la gran «verdad» de que el hombre también podía servir de mercancía, de que la fuerza de trabajo del hombre podía llegar a ser un objeto de cambio y de consumo si se hacía del hombre un esclavo. Apenas comenzaron los hombres a practicar el cambio, ellos mismos se vieron cambiados. La voz activa se convirtió en voz pasiva, independientemente de la voluntad de los hombres.

    Con la esclavitud, que alcanzó su desarrollo máximo bajo la civilización, realizóse la primera gran escisión de la sociedad en una clase explotadora y una clase explotada. Esta escisión se ha sostenido durante todo el período civilizado. La esclavitud es la primera forma de la explotación, la forma propia del mundo antiguo; le suceden la servidumbre, en la Edad Media, y el trabajo asalariado en los tiempos modernos. Estas son las tres grandes formas del avasallamiento, que caracterizan las tres grandes épocas de la civilización; ésta va siempre acompañada de la esclavitud, franca al principio, más o menos disfrazada después.

    El estadio de la producción de mercancías, con el que comienza la civilización, se distingue desde el punto de vista económico por la introducción: 1) de la moneda metálica, y con ella del capital en dinero, del interés y de la usura; 2) de los mercaderes, como clase intermediaria entre los productores; 3) de la propiedad privada de la tierra y de la hipoteca, y 4) del trabajo de los esclavos como forma dominante de la producción. La forma de familia que corresponde a la civilización y vence definitivamente con ella es la monogamia, la supremacía del hombre sobre la mujer, y la familia individual como unidad económica de la sociedad. La fuerza cohesiva de la sociedad civilizada la constituye el Estado, que, en todos los períodos típicos, es exclusivamente el Estado de la clase dominante y, en todos los casos, una máquina esencialmente destinada a reprimir a la clase oprimida y explotada. También es característico de la civilización, por una parte, fijar la oposición entre la ciudad y el campo como base de toda la división del trabajo social; y, por otra parte, introducir los testamentos, por medio de los cuales el propietario puede disponer de sus bienes aun después de su muerte …

    Con este régimen como base, la civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la antigua sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones. La codicia vulgar ha sido la fuerza motriz de la civilización desde sus primeros días hasta hoy, su único objetivo determinante es la riqueza, otra vez la riqueza y siempre la riqueza, pero no la de la sociedad, sino la de tal o cual miserable individuo. Si a pesar de eso han correspondido a la civilización el desarrollo creciente de la ciencia y reiterados períodos del más opulento esplendor del arte, sólo ha acontecido así porque sin ello hubieran sido imposibles, en toda su plenitud, las actuales realizaciones en la acumulación de riquezas.

    Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en una constante contradicción. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso en la situación de la clase oprimida, es decir, de la inmensa mayoría. Cada beneficio para unos es por necesidad un perjuicio para otros; cada grado de emancipación conseguido por una clase es un nuevo elemento de opresión para la otra. La prueba más elocuente de esto nos la da la introducción de la maquinaria, cuyos efectos conoce hoy el mundo entero. Y si, como hemos visto, entre los bárbaros apenas puede establecerse la diferencia entre los derechos y los deberes, la civilización señala entre ellos una diferencia y un contraste que saltan a la vista del hombre menos inteligente, en el sentido de que da casi todos los derechos a una clase y casi todos los deberes a la otra.

    Pero eso no debe ser. Lo que es bueno para la clase dominante, debe ser bueno para la sociedad con la cual se identifica aquélla. Por ello, cuanto más progresa la civilización, más obligada se cree a cubrir con el manto de la caridad los males que ha engendrado fatalmente, a pintarlos de color de rosa o a negarlos. En una palabra, introduce una hipocresía convencional que no conocían las primitivas formas de la sociedad ni aun los primeros grados de la civilización, y que llega a su cima en la declaración: la explotación de la clase oprimida es ejercida por la clase explotadora exclusiva y únicamente en beneficio de la clase explotada; y si esta última no lo reconoce así y hasta se muestra rebelde, esto constituye por su parte la más negra ingratitud hacia sus bienhechores, los explotadores[2].

    Y, para concluir, véase el juicio que acerca de la civilización emite Morgan:

    «Los hermanos se harán la guerra y se convertirán en asesinos unos de otros; hijos de hermanas romperán sus lazos de estirpe».

    «Desde el advenimiento de la civilización ha llegado a ser tan enorme el acrecentamiento de la riqueza, tan diversas las formas de este acrecentamiento, tan extensa su aplicación y tan hábil su administración en beneficio de los propietarios, que esa riqueza se ha constituido en una fuerza irreductible opuesta al pueblo. La inteligencia humana se ve impotente y desconcertada ante su propia creación. Pero, sin embargo, llegará un tiempo en que la razón humana sea suficientemente fuerte para dominar a la riqueza, en que fije las relaciones del Estado con la propiedad que éste protege y los límites de los derechos de los propietarios. Los intereses de la sociedad son absolutamente superiores a los intereses individuales, y unos y otros deben concertarse en una relación justa y armónica. La simple caza de la riqueza no es el destino final de la humanidad, a lo menos si el progreso ha de ser la ley del porvenir como lo ha sido la del pasado. El tiempo transcurrido desde el advenimiento de la civilización no es más que una fracción ínfima de la existencia pasada de la humanidad, una fracción ínfima de las épocas por venir. La disolución de la sociedad se yergue amenazadora ante nosotros, como el término de una carrera histórica cuya única meta es la riqueza, porque semejante carrera encierra los elementos de su propia ruina. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos y la instrucción general, inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, para la cual laboran constantemente la experiencia, la razón y la ciencia. Será un renacimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior». (Morgan, "La Sociedad Antigua", pág. 552.)"
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    Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado,dirigido, sometido a la ley, regulado, escriturado, adoctrinado, sermoneado, verificado,estimado, clasificado según tamaño, censurado y ordenado por seres que no poseen los títulos, el conocimiento ni las virtudes apropiadas para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, contado, tasado, estampillado, medido, numerado, evaluado, autorizado, negado, autorizado, endosado, amonestado, prevenido, reformado, reajustado y corregido. Es, bajo el pretexto de la utilidad pública y en el nombre del interés general, ser puesto bajo contribución, engrillado, esquilado, estafado, monopolizado, desarraigado, agotado, embromado y robado para, a la más ligera resistencia, a la primera palabra de queja, ser reprimido, multado, difamado, fastidiado, puesto bajo precio, abatido, vencido, desarmado, restringido, encarcelado, tiroteado, maltratado, juzgado, condenado, desterrado, sacrificado, vendido, traicionado, y, para colmo de males, ridiculizado, burlado, ultrajado y deshonrado

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